Mi máxima siempre fue realizar buenos trabajos, rápidos y sencillos, sin necesidad de importunar al cliente más de lo necesario. Pero ¿qué ocurre cuando el cliente te impide cumplir estos principios?
El mes pasado recibí el email de alguien que me solicitaba el precio de una pericia, y aunque en un principio se resistía a mostrarme la documentación conseguí que me la enviara, le hice un presupuesto sin compromiso y no volví a saber de él hasta una semana después, que me llamó con urgencia diciendo que el plazo para poner la demanda se agotaba al día siguiente, por ello me pidió que elaborara un documento para adjuntar a dicha demanda, en el que yo me comprometa a realizar la pericia en el futuro.
Como perito podría haber hecho un estudio, una consulta, o ratificar mi informe en el juzgado, pero lo que él me pedía implicaba un nivel de confianza que no teníamos, ya que no nos conocíamos de nada y así se lo hice saber. Se trataba de un documento en el que yo quedaba expuesto, y teniendo tanto tiempo para realizar el trabajo, no tenía garantías de que dicho documento no fuera a ser utilizado para cualquier otra cosa.
Él se presentó como abogado, y teniendo en cuenta su falta de previsión dudo que lo fuera, pues no conozco a ninguno que se juegue el futuro procesal de su cliente de esa manera.
Si hay algo que no te enseñan los libros, es que elijas la profesión que elijas, siempre habrá personas dispuestas a aprovecharse de ti, y en este caso la experiencia de años me hizo desconfiar, pues no sería el primero que dice que contratará unos servicios que luego no solicita.

