La ciudad era nueva para mí. Aquella tarde del uno de julo llegué a la estación de autobuses, y me urgía encontrar un medio de trasporte que me llevase rápido al hotel. Al cabo de un rato, tuve la suerte de que uno de los conductores se saltó, lo que me parecía una eterna espera en la parada de taxis.
Cuando monté en el vehículo, sonaba Duke Ellintong en la radio, un pequeño paréntesis de relax que debía aprovechar, porque una vez llegase a la habitación del hotel, no tendría tiempo más que para dejar la maleta sobre la cama, y salir corriendo a la reunión organizada por la abogada, pues quería preparar el juicio del día siguiente.
Una vez en la reunión, la impresión que tuve es que la abogada parecía haber esperado a que le explicara el informe en vez de leérselo antes; pues aunque teóricamente conocía la diferencia entre documentos dubitados e indubitados, en la práctica no parecía comprender el sistema de cotejos.
Aunque su preocupación iba más allá. Con el devenir de la reunión, me mostró un contrainforme, del cual yo no tenía constancia, y aunque estaba equivocado, podía ser tomado en cuenta en el juicio, pese a presentarse fuera de plazo.
– ¿Por qué remarca tanto la firma? – preguntó la abogada, al tiempo que me deslizaba el contrainforme sobre la mesa.
Entonces recordé, lo acertada que estuvo la clienta cuatro años antes; cuando además del estudio de la autoría de firmas, solicitó la verificación si dichas firmas fueron manuscritas directamente sobre los soportes dubitados.
Por tanto, expliqué a la abogada que las ilustraciones del contrainforme habían sido realizadas a partir de reproducciones, lo que haría que el entintado fuera mayor, mientras que las ilustraciones de mi informe se realizaron desde los originales, suponiendo esto una versión mucho más fidedigna a los grafismos reales.
Yo estaba tranquilo en cuanto al juicio, porque sabía que el estudio y conclusión de mi informe eran correctos, pero creo que la abogada tuvo la suerte por la que había rezado toda la noche, pues además de que el trabajo del otro perito no fue tenido en cuenta por el juez, pude saber el día anterior, que la abogada había extraviado uno de los documentos originales sobre los que se basaba el juicio.

