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TRAZOS DE HISTORIA

 

“Así como hay una relación entre carácter y acto, así también la hay entre carácter y escritura, ya que esta se puede considerar formada por pequeños e innumerables actos.”

Jules Crepéux Jamin

Esta es una de las frases que más se ajustan a la interpretación de la escritura, pero creo que llega un punto en la historia en que nos vemos en la necesidad de abandonar la concepción individualista para adoptar una visión panorámica con el fin de analizar progresos y tendencias de la historia.

Para ello, se han escogido algunos de los literatos más representativos del Siglo de oro y romanticismo, corrientes literarias rodeadas de circunstancias históricas y educacionales muy diferentes.

Desde el punto de vista histórico, los siglos XVI y XVII coinciden con una expansión colonial, lo que contrastaba con un bajo nivel de alfabetización. En aquel tiempo, los afortunados que tenían la oportunidad de escribir aprendían la caligrafía redondilla y bastarda, ésta última para funcionarios y profesiones superiores.

 

Barroco

 

FIRMAS: Destacan el desarrollo vertical de la rúbrica.

TEXTO: Además de la unión entre palabras como si se tratara de una sola, llaman la atención las mayúsculas inmotivadas.

Desde el punto de vista gráfico, existen rasgos comunes referentes a la ornamentación concentrada en mayúsculas, hampas y jambas, así como el predominio de uniones altas y los rasgos procedentes de los pies. Estos con una longitud que tienden a ocasionar confusión entre renglones

 

Por otro lado, creo oportuno ahondar en Francisco de Quevedo y Luis de Góngora, cuyos manuscritos parecen tan antagónicas como las corrientes literarias del barroco a las que representan: Conceptismos (asociaciones ingeniosas y rebuscadas) y culteranismo (estilo sobrio definido por el lenguaje latinizante y otros cultismos).

A diferencia de la época anterior que tuvo una repercusión local, el romanticismo, cuyo origen tuvo lugar en el Reino Unido y en la Alemania de la segunda mitad del siglo XVIII, fue el primer movimiento cultural que se exportó a todo el continente europeo durante el siglo XIX.

En España en concreto, coincidió con una etapa de pesimismo, azuzada por la precaria situación de la política interior y exterior.

 

Romanticismo

 


FIRMAS: Tienen cierto parecido entre sí, ya que la rúbrica además de tender hacia la horizontalidad, continúa sin estar integrada en el contenido de la firma, ya que texto y filigrana continúan aislados el uno del otro.

TEXTO: Se aprecia una enorme evolución, pues los personalismos se van sucediendo, lo que sugiere un menor arraigo por la escritura aprendida.

Por tanto, la relación gráfica establecida entre el romanticismo, época actual, y la aparente desconexión con los siglos XVI y XVII, podría explicarse debido a una paulatina alfabetización de las clases populares, ya que las ampulosidades gráficas, que posteriormente se convirtieron en sutilezas, en la actualidad han sido sustituidas por la escritura funcional.

Además de testigo de la historia, la escritura se ve rodeada de una serie de circunstancias que propician su evolución, ya se trate de la evolución en la fabricación de útiles gráficos o el refinamiento de soportes escriturales.

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